Coche en la puerta
Un portero recibe la llave en la puerta norte y la devuelve cuando termina la visita. El servicio está incluido para quien ya está dentro.
LEMEFontaínhas
Desde finales de los setenta, rehecha en esta calle
Sala Leme abrió como salón de barrio y creció hasta ser una de las salas de cartones más amplias de la línea de Cascais. En los años ochenta estuvo entre las primeras de la zona en fijar un premio de cuatro cifras en el tablón. La hoja semanal reserva hoy más de 150 mil euros dentro del edificio.
Se cuentan unas 400 mil visitas al año: hay quien viene por los cartones, por el mostrador de marcadores o por la cocina. Desde el cambio de siglo la casa pertenece a un grupo local de ocio que mantuvo la sala abierta todos los días del calendario, salvo dos noches de diciembre.
La actividad en el interior es para adultos. El documento se comprueba en la puerta. La casa no invita al uso a distancia y no guarda una cuenta web para apuntes de marcador.
Un portero recibe la llave en la puerta norte y la devuelve cuando termina la visita. El servicio está incluido para quien ya está dentro.
Plazas gratuitas para visitantes. El plano de las puertas está en la página de cómo llegar.
Cuatrocientos metros cuadrados, abierto mientras la casa está abierta, con mesas y los armarios de exterior.
Una red llamada Leme-Casa está indicada en recepción para quien está en el edificio.
De 15:00 a 02:00, sin interrupción.
De 15:00 a 03:00. Cierra el 24 y el 31 de diciembre.
Rua das Fontaínhas 41, 2750-621 Cascais. El correo se lee en recepción: contacto@salaleme.pt. El teléfono se atiende solo en el mostrador, en el horario de apertura.
Documento de identidad obligatorio. Los menores de 18 años no entran.
La primera sala era una sola planta, con menos de doscientos asientos y una cocina que solo freía. En los años ochenta la casa fijó una línea de cuatro cifras en el tablón y el barrio pasó a tratar la puerta como un punto fijo, como la estación. La terraza llegó después, cuando se pavimentó el lado de los pinos.
El grupo que tiene la casa desde el cambio de siglo no la movió. La dirección siguió en Rua das Fontaínhas. Lo que cambió fue el número de asientos, el guardarropa, el recinto y la costumbre de imprimir una hoja semanal en vez de anunciarlo todo en voz alta.
La gente sigue viniendo por motivos distintos. Hay quien se queda toda la tarde en la sala de cartones. Hay quien solo come. Hay quien mira las pantallas y se va antes del premio grueso. La puerta no los separa. Solo comprueba el documento y la edad.