Sala
La sala de cartones, asiento a asiento
La sala tiene poco más de setecientos asientos numerados. Las filas miran un escenario bajo, donde está el locutor. Los cartones de papel solo se venden en el mostrador de madera de la izquierda. Los terminales de la pared lateral muestran los mismos números que el locutor, y nada más.
El cartón ordinario está indicado a 2 euros. Las sesiones especiales, cuando existen, llevan un segundo precio escrito en el cristal antes del primer número. Si ese precio no está en el cristal, la sesión usa el cartón ordinario.
Cómo se divide una tarde
La primera sesión empieza a las 15:30, media hora después de que abra la puerta. Es la sesión con la mayor línea suelta de la tarde. El importe está impreso junto al locutor y se lee una vez, en voz alta, antes de empezar la extracción.
Entre sesiones hay una pausa de unos doce minutos. La gente se levanta, la cocina puede mandar un plato al asiento, y el cartón siguiente solo se compra cuando el locutor anuncia la nueva sesión. Los cartones de una sesión terminada no valen en la siguiente.
A partir de las 20:30 el bloque de la noche usa la línea extra que la casa llama premio grueso. Se paga en el mismo mostrador, esa misma noche, contra el cartón premiado y un documento de identidad. No hay transferencia ni recogida posterior por correo.
Lo que está fijado, y lo que no
Cada lunes por la mañana la hoja semanal se pega en el cristal: qué día tiene la rueda, qué día duplica la papeleta de socio, qué noche trae el premio grueso. La hoja describe la casa. No es una invitación y no abre nada fuera del edificio.
La sala es para adultos. La puerta comprueba el documento antes de que la persona llegue a los asientos. Los menores de 18 años no pasan, aunque vayan acompañados. Los abrigos van al guardarropa del pasillo norte. Un asiento vacío durante más de una sesión entera puede darse a quien espera.
El sonido se queda bajo. Los teléfonos en silencio. No se fotografían otras personas. El locutor puede parar una sesión si la sala no oye los números. Las dudas sobre un cartón se preguntan en el mostrador, no se gritan por encima de las filas.
